El PLD es ya un Partido-Estado. Distinto al PRI mexicano, sin embargo, no tiene la alternancia en el liderazgo aunque preserva la camada. Quienes han estudiado las contingencias mundanas de los gobiernos del PRI saben que en aquel escenario se podía disfrazar de democrática la realidad del sufragio; pero el espesor de la corrupción, la amplia franja de la pobreza y la ignorancia, más el dominio absoluto del aparato del Estado, acabaron por transformar aquella “democracia” en el mimetismo divertido de lo pintoresco.
El PRI como Partido-Estado propiciaba el surgimiento de las camadas. La camada es el grupo político que acompaña al candidato en ascenso, porque en México son sólo seis años sin posibilidad de reelección. Esto originó lo que se conoce como “la mentalidad del sexenio”, porque en esos seis años la camada que ascendía al poder tenía que acumular la mayor cantidad de dinero que pudiera y luego irse a su casa. Las camadas de políticos corruptos se sucedían una a otra, y la alternancia de estas camadas era el espejismo de la democracia.
Pero el PLD es un Partido-Estado sin alternancia y con una única camada. Los tres gobiernos de Leonel Fernández han tenido los mismos funcionarios en más de un 96% de los casos. Casi la totalidad del Comité político tiene rango de Ministro de Estado. Esto ha originado que esa camada sea inmensamente rica y poderosa, y que esté dispuesta a hacer lo imposible por mantenerse en el poder. La camada funciona en un Partido-Estado mediante un oscuro vínculo de lealtad tribal. Inquisitorialmente, en el Partido-Estado el usufructo del poder manipula la conciencia, la palabra y la vida. Esta lealtad tribal es un eficaz sistema de intimidación que subsume la contradicción y coexiste con ella. Aquella noche que habiendo salido vencido de la contienda interna Danilo Medina proclamó “me derrotó el Estado”, estaba rompiendo esa lealtad tribal. Su expresión estaba fundada en las mortificaciones que Leonel Fernández le había hecho vivir, usando contra él los recursos del Estado.
Entonces se hundió en la disciplina fundamental de todo absolutismo, esa que alberga la disidencia únicamente en su seno, y teje la muerte del aplastado. Y aprendió que el PLD en el poder se había transformado en un proyecto económico que representaba esa camada impertérrita que ha acompañado a todos los gobiernos del doctor Fernández. Esa camada que ha pulsado todos los tinglados de la manipulación ciudadana, que ha empleado el presupuesto público para financiar secretamente las actividades partidarias, el nepotismo, la asimilación de otros partidos, la compra de dirigentes, el uso de organismos impositivos para atemorizar empresarios, pago a intelectuales orgánicos, hipercorrupción corporativa, dictadura mediática, compra de periodistas a granel, prostitución de la justicia, etc. La misma madeja que hemos visto desplegarse en nuestro país como estrategia del continuismo.
Danilo Medina ascendió en oposición a esta camada, pero el poder económico y político que han acumulado los integrantes de esta camada durante los gobiernos del doctor Fernández, más el uso del Presupuesto, la hace imprescindible para empujar su candidatura, y ha terminado doblándole el pulso. Danilo Medina es ahora un prisionero de esta camada, que no puede prolongar sus privilegios sin contar con él. El Estado que lo derrotó, y la camada que ha usufructuado el patrimonio público, son ahora sus aliados. Es común ver los camiones del Plan Social desplazarse antes de la llegada del candidato del PLD (los vi con mis propios ojos en el Sur del país), y los coordinadores de su campaña son Ministros de Estado, directores generales y funcionarios de alto rango de la administración.
El uso del dinero de los contribuyentes no es tan solo las tareas “heroicas” que describía el Presidente Fernández en New York,“ ingenuamente” hablando a sus conmilitones de los 40 mil millones del Presupuesto que tiene disponibles para la campaña; sino que es también la alteración de la voluntad popular, y el esfuerzo desesperado de una camada que no tiene planes de abandonar el poder, y que ya puso en marcha la maquinaria de alteración de la voluntad popular, como veremos.
El PLD es ya un Partido-Estado. Distinto al PRI mexicano, sin embargo, no tiene la alternancia en el liderazgo aunque preserva la camada. Quienes han estudiado las contingencias mundanas de los gobiernos del PRI saben que en aquel escenario se podía disfrazar de democrática la realidad del sufragio; pero el espesor de la corrupción, la amplia franja de la pobreza y la ignorancia, más el dominio absoluto del aparato del Estado, acabaron por transformar aquella “democracia” en el mimetismo divertido de lo pintoresco.
El PRI como Partido-Estado propiciaba el surgimiento de las camadas. La camada es el grupo político que acompaña al candidato en ascenso, porque en México son sólo seis años sin posibilidad de reelección. Esto originó lo que se conoce como “la mentalidad del sexenio”, porque en esos seis años la camada que ascendía al poder tenía que acumular la mayor cantidad de dinero que pudiera y luego irse a su casa. Las camadas de políticos corruptos se sucedían una a otra, y la alternancia de estas camadas era el espejismo de la democracia.
Pero el PLD es un Partido-Estado sin alternancia y con una única camada. Los tres gobiernos de Leonel Fernández han tenido los mismos funcionarios en más de un 96% de los casos. Casi la totalidad del Comité político tiene rango de Ministro de Estado. Esto ha originado que esa camada sea inmensamente rica y poderosa, y que esté dispuesta a hacer lo imposible por mantenerse en el poder. La camada funciona en un Partido-Estado mediante un oscuro vínculo de lealtad tribal. Inquisitorialmente, en el Partido-Estado el usufructo del poder manipula la conciencia, la palabra y la vida. Esta lealtad tribal es un eficaz sistema de intimidación que subsume la contradicción y coexiste con ella. Aquella noche que habiendo salido vencido de la contienda interna Danilo Medina proclamó “me derrotó el Estado”, estaba rompiendo esa lealtad tribal. Su expresión estaba fundada en las mortificaciones que Leonel Fernández le había hecho vivir, usando contra él los recursos del Estado.
Entonces se hundió en la disciplina fundamental de todo absolutismo, esa que alberga la disidencia únicamente en su seno, y teje la muerte del aplastado. Y aprendió que el PLD en el poder se había transformado en un proyecto económico que representaba esa camada impertérrita que ha acompañado a todos los gobiernos del doctor Fernández. Esa camada que ha pulsado todos los tinglados de la manipulación ciudadana, que ha empleado el presupuesto público para financiar secretamente las actividades partidarias, el nepotismo, la asimilación de otros partidos, la compra de dirigentes, el uso de organismos impositivos para atemorizar empresarios, pago a intelectuales orgánicos, hipercorrupción corporativa, dictadura mediática, compra de periodistas a granel, prostitución de la justicia, etc. La misma madeja que hemos visto desplegarse en nuestro país como estrategia del continuismo.
Danilo Medina ascendió en oposición a esta camada, pero el poder económico y político que han acumulado los integrantes de esta camada durante los gobiernos del doctor Fernández, más el uso del Presupuesto, la hace imprescindible para empujar su candidatura, y ha terminado doblándole el pulso. Danilo Medina es ahora un prisionero de esta camada, que no puede prolongar sus privilegios sin contar con él. El Estado que lo derrotó, y la camada que ha usufructuado el patrimonio público, son ahora sus aliados. Es común ver los camiones del Plan Social desplazarse antes de la llegada del candidato del PLD (los vi con mis propios ojos en el Sur del país), y los coordinadores de su campaña son Ministros de Estado, directores generales y funcionarios de alto rango de la administración.
El uso del dinero de los contribuyentes no es tan solo las tareas “heroicas” que describía el Presidente Fernández en New York,“ ingenuamente” hablando a sus conmilitones de los 40 mil millones del Presupuesto que tiene disponibles para la campaña; sino que es también la alteración de la voluntad popular, y el esfuerzo desesperado de una camada que no tiene planes de abandonar el poder, y que ya puso en marcha la maquinaria de alteración de la voluntad popular, como veremos.
Si un ladronzuelo de la calle, necesita inspiración para sus raterías, solo tiene que volver los ojos hacia el Señor Presidente de la República, hacia los señores congresistas y los señores funcionarios públicos o hacia los banqueros, como Báez Figueroa.
Periodista. Fue reportera de los diarios Ultima Hora, El Nacional y Hoy. Fue miembro del equipo de Investigación del diario Hoy. Escribió para la revista Rumbo. Actualmente reside Reading, Pensilvania, Estados Unidos.
El pasado sábado participé en un foro sobre la Criminalidad e Inseguridad en Republica Dominicana, celebrado en el Lehman College, de New York, dentro de las actividades de la Dominican American National Roundtable.
Eso sí, pasé el Niágara en bicicleta con la exposición, por los típicos problemas un tanto tropicales que siempre me acompañan: lo que escribí no era lo que quería decir, (nadie más parece tener esa clase de dudas e inconvenientes en su vida); en el último momento decidí reescribir la ponencia. No andaba con computadora. Escribí a mano y finalmente tuve que leer muy rápido, saltándome par de párrafos, por la presión del tiempo.
El siguiente es un segmento de la ponencia, que recoge con fidelidad el espíritu de la misma. Más adelante, aunque no necesariamente en secuencia, publicaré otro segmento:
Me voy a detener en un sólo aspecto entre la maraña de factores que inciden en el exasperante auge de la criminalidad y la delincuencia que vive República Dominicana.
Se trata del aporte que hace el Gobierno para aumentar la violencia, prestigiar el robo, mantener la impunidad, legitimar los atropellos y aupar el autoritarismo, el macuterismo, la deshonestidad, la discriminación, el despilfarro y la ostentosidad de riquezas obscenas, sacadas de los bienes públicos.
Si un ladronzuelo de la calle, necesita inspiración para sus raterías, sólo tiene que volver los ojos hacia el Señor Presidente de la República, hacia los señores congresistas y los señores funcionarios públicos o hacia los banqueros, como Báez Figueroa
Un magnífico ejemplo de todas esas cualidades, las tenemos aquí, en el Consulado Dominicano en Nueva York, que ha rendido más que las minas del Rey Salomón para los gobernantes dominicanos con la depredación de la comunidad dominicana, que ni siquiera largándose del país, consigue sacudirse a todos esos parásitos de encima.
A pesar de ser un funcionario público, que el país paga con su dinero, jamás se ha podido averiguar a cuánto ascienden los ingresos del Señor Cónsul, quien no solo tiene un salario considerable, sino que recibe un por ciento de los ingresos del consulado, práctica dolosa y delictiva que en vez de ser perseguida fue oficializada por el Poder Ejecutivo, años atrás.
En el 2009 cuando el clamor contra la cantidad de vice-cónsules en Nueva York amenazaba con desbordar las compuertas de la Presa de Valdesia, finalmente, el Presidente Fernández decidió tomar cartas en el asunto y resolver la situación.
Según las reseñas, de los 28 vice-cónsules que había en nómina, quitó 18 y dejó 10. Pero los 18 que quitó no fueron cancelados, sino que los repartió entre otros consulados de Estados Unidos.
También agarró 135 dirigentes de la seccional del Partido de la Liberación Dominicana y los nombró en diferentes cargos en el Servicio Exterior, como cónsules, vice-cónsules, auxiliares, consejeros etc. El único entrenamiento que esos funcionarios públicos tienen en su carrera diplomática es la habilidad de levantarse por la mañana –o en la tarde- y quitarse las legañas de los ojos, echándose agua.
No podemos pretender que un tíguere desarrapado se comporte como un ciudadano ejemplar, si eso no se le exige al Presidente del país, ni a los legisladores, ni a los jueces, ni a los grandes empresarios, ni al jefe de la policía. Ni siquiera al Cardenal
Por suerte, según reportes periodísticos, muchos no saben ni dónde queda el consulado para el que trabajan.
La última vez que se tuvieron noticias al respecto, el Consulado de Boston (donde por lo menos hasta hace unos días no habían encontrado la forma de desalojar al cónsul destituido, que se aferraba con uñas y dientes a las patas de la mesa de su ex -despacho) tenía 17 vice-cónsules, cada uno con sueldos de miles de dólares.
Con esta clase de acciones y procedimientos, el gobierno convierte el parasitismo clientelista en una conducta prestigiosa, legítima y aceptable para los ciudadanos que pierden de vista las nociones de honestidad e incluso la propia autoestima, como personas capaces de realizar un trabajo eficiente y honesto y recibir la correspondiente y justa retribución.
Con el clientelismo, el gobierno le enseña a la gente a robar y a abusar y agredir a los demás.
Al pueblo dominicano le tomó mucho tiempo tener tantos ladrones, asaltantes, descuidistas, rateros, matarifes, asesinos y lúmpenes, sin reparos en hacer cualquier cosa y robar, matar, atropellar, llevárselo todo por delante, no respetar ninguna regla y carecer de toda sensibilidad ante los muertos y destrozos que dejan a su paso.
Esas conductas han sido aprendidas finalmente por algunos segmentos populares, con el ejemplo de sus gobernantes y autoridades.
Los mejores ejemplos de abuso, despojo y atropello los proporcionan las autoridades que encabezan el estado dominicano, los militares, la Policía y otras instancias del poder, como la Iglesia Católica y las élites económicas, no sujetas a control alguno.
Si un ladronzuelo de la calle necesita inspiración para sus raterías, sólo tiene que volver los ojos hacia el Señor Presidente de la República, hacia los señores congresistas y los señores funcionarios públicos o hacia los banqueros, como Báez Figueroa.
Si lo que se va a robar es la electricidad, basta con volver la vista hacia Euclides Gutiérrez Félix.
Dando crédito a los cables de Wikileaks, cualquier ladrón chantajista que quiera prosperar, sólo tiene que alentarse con los ejemplos de Felucho Jiménez y Andrés Vanderhorst.
Y siempre, según esa fuente de datos, quien desee ser un depredador de bienes públicos asociado al narcotráfico, puede asesorarse con Amable Aristy Castro.
Quien quiera hacer carrera andando por el mundo con tarjetas de crédito sin límites, cuyos balances acabarán siendo saldados por el pueblo dominicano, debe coger las clases dictadas por Pepe Goico e Hipólito Mejía.
Si la vocación del delincuente se inclina hacia el tráfico de personas, puede apuntarse en las cátedras que dicta Radhamés Ramos, El Chino, el diputado perredeísta por La Vega o asistir a las demostraciones gratuitas que hacen los militares que cuidan La Frontera. De ñapa aprenderá todos los secretos del noble oficio del tráfico de armas y de la dinámica empresa del tráfico de drogas, que el gobierno no puede, ni quiere desmantelar, porque ahora mismo, sobre ese servicio descansa la gobernabilidad del país.
Para los másteres en descuidismo hay que oír a los tránsfugas como Peña Guaba, y uno de Santiago, llamado Radhamés Fermín, que parece un canguro dando brincos de un partido a otro y entrando en el macuto del abdomen todo lo que encuentra a su paso.
Para los cursos de asaltos con agravantes hay que pedirle opinión a Ángel Lockward, a quien Leonel mandó tiempo atrás como embajador en Colombia, supongo que justamente allí, para que perfecciona sus talentos innatos o...quién sabe si con la esperanza de no volverlo a ver.
Félix Bautista está dando ahora mismo unos doctorados en varios renglones. El más notable de todos es el que enseña a cómo transformarse de regateador del precio de 4 plátanos en un colmado de San Juan de la Maguana, en el Donald Trump dominicano, por obra y gracia del Espíritu Santo, sin que se sepa si su capital originario lo encontró enterrado en una botija en el patio de su casa, o si se lo proporcionó el genio mágico de la lámpara de Aladino.
La Escuela técnico-vocacional más prestigiosa a la que puede asistir un aspirante a sicario, es la de La Policía. Ahí no sólo se consiguen gratis las herramientas para el trabajo, sino que se adquieren prácticas de puntería matando gente en la calle y se construyen unas asociaciones de malhechores verdaderamente notables.
Para hacer carrera de narcotraficante, no hay mejor sitio que un cargo de oficial en la Dirección Nacional de Control de Drogas o en La Policía o en las Fuerzas Armadas. El narcotraficante Arturo del Tiempo era policía honorífico; el narcotraficante Quirino pertenecía al Ejército, el narcotraficante Figueroa Agosto tenía carnet como agente del DNI.
Siguiendo el ejemplo de esos prototipos, quien tenga destrezas e inclinaciones para los abusos, puede estar seguro de que sus potencialidades serán apreciadas y desarrolladas en cualquiera de esas instituciones, donde también se encontrarán los socios apropiados para iniciar alguna pujante empresa.
Si la tendencia es a violar niños, todos sabemos a cuál escuela es que hay que ir y ahí también se imparten talleres de hipocresía avanzada, maestrías en solapamiento autosostenible y chantaje incensado contra los gobiernos que se retrasan en el pago de los sobornos.
Un gobierno delincuente es el principal promotor de la delincuencia entre algunos sectores de los gobernados.
Un gobierno que tiene más de 2,000 periodistas incorporados a la nómina pública, aparte de las manipulaciones en la distribución de publicidad, lastima y socava las precarias libertades y promueve la deshonestidad.
El gobierno que aprueba leyes como la barbarie de la prohibición del aborto aún en casos de violación y de que la vida de la madre peligre, es un gobierno que propicia los feminicidios y todas las demás formas de atropellos y discriminaciones contra las mujeres.
Un estado clientelista le enseña a los ciudadanos a ser parásitos, a estar orgullosos de hacer trampa, los hace adictos al dinero fácil y los vuelve tullidos, tanto en términos sociales como productivos.
Un gobierno que manda a su policía a matar gente a la calle con la mayor frivolidad, le quita los frenos a la policía y le enseña a todo el mundo que la gente es desechable y que el asesinato es una opción para dirimir querellas, sospechas y animadversiones.
Para detener la delincuencia hay que confrontar el clientelismo, la corrupción y la impunidad.
No podemos pretender que un tíguere desarrapado se comporte como un ciudadano ejemplar, si eso no se le exige al Presidente del país, ni a los legisladores, ni a los jueces, ni a los grandes empresarios, ni al jefe de la policía. Ni siquiera al Cardenal.
ENTREVISTA
Guillermo Moreno: “En Alianza País vamos a construir una nueva mayoría”
En un diálogo con periodistas y ejecutivos del semanario CLAVE, el candidato presidencial habló de la necesidad que tiene el país de un proyecto político diferente y aseguró que implementará una agresiva estrategia para romper el cerco a los partidos tradicionales que después de 12 gobiernos sucesivos en los últimos 40 años no ofrecen solución ni perspectiva de cambio.
Resulta paradójico que hoy, cuando más importante es la palabra como medio de comunicación y de socialización del individuo, esta haya caído en manos de un nuevo tipo de intelectuales: los presentadores de TV y los “programeros” de la radio, los cuales vulgarizan todo tipo de conocimientos, manipulan y embotan la capacidad de discerniendo de su radio y tele audiencia, convirtiéndola en un mercado cautivo económico o político.
Muchos de los miembros de este nuevo segmento social, tienen ganancias millonarias, en algunos países los hay que facturan decenas y hasta centenas de millones de dólares o euros al mes o al año, dándose el caso de unos que se han convertido en los hombre o mujeres más ricas de sus países. Algunos ganan su dinero en el estricto marco de la nueva función de la comunicación en la esfera de la economía, otros en el campo de la política, agitando fantasmas y metiendo miedo a la población sobre el “peligro” de la población migrante, entre otras formas de intimidación.
En el caso de nuestro país, los hay de toda laya, pero la mayoría logra sus ganancias al desarrollar sus actividades en el mundo de la política y como promotores de determinados políticos en un proceso de plena expansión de la corrupción que corroe los cimientos de esta sociedad. Estos nuevos intelectuales/manipuladores tienen en el mercado político y específicamente en los gobiernos, en los jefes de facciones partidarias, en los simples miembros de la clase política y en los candidatos a cargos públicos, un mercado en pleno florecimiento y diversificación.
En efecto, en los últimos tiempos todos los gobiernos han invertido grandes sumas de dinero en la compra, cooptación o neutralización de la mayoría de los periodistas que trabajan en los principales medios, tanto radiales como televisivos. La comunicación es uno de los principales gastos de los gobiernos y en el caso de la presente gestión, se dice que se despilfarran entre siete y cinco mil millones de pesos anuales en este renglón.
Por tal motivo, la mayoría del personal de los principales medios (por acción o inhibición) está al servicio del gobierno de turno, y a veces no es fácil establecer si la línea editorial de estos obedece a su propietario o al gobierno. La influencia y por tanto el poder que logran tener algunos comunicadores les permite lograr una independencia relativa de los propietarios de los medios en los cuales trabaja. Ejemplos los hay de sobra.
Esta es otra expresión de la corrupción; pero lo que es peor es que esa independencia relativa, está tomando un nuevo giro: ya no se conforman con ser intelectuales de nuevo tipo, sino políticos de nuevo tipo. En efecto, no son pocos los programeros y presentadores que explotando al máximo su poder derivado de su permanente presencia en los medios, se han convertido en nuevos miembros de la clase política y por tal motivo negocian con los partidos. Se dan casos como el de una emisora que tiene dos programas radiales con nombres similares y con igual formato, de los cuales tres o quizás cinco, presentan sus candidaturas a puestos ganables en las boletas electorales.
La influencia del medio aludido determina la influencia del comentarista, la cual es explotada económica y políticamente para sus propios intereses, desnasturalizando, por lo tanto, la función de la comunicación y de la política misma en tanto actividad que se ejerce por vocación, no por interés.
En tal sentido, con estupor, no solamente vemos como se reduce la función de los intelectuales tradicionales y de la palabra como medio de comunicar conocimientos seriamente elaborados, sino la aparición de nuevos intelectuales que, muchos de ellos, enriquecidos a través de la generalizada corrupción en que discurre el sistema político de este país, engrosan la fila de una clase política igualmente corrupta.